lunes, 3 de diciembre de 2012

Reflexiones de los obispos al acercarnos a la Navidad


Creemos en Jesucristo, Señor de la historia
Tengan un mismo amor, un mismo corazón, un mismo pensamiento…

Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás1

El Año de la fe que hemos iniciado nos convoca a renovar nuestra fe en el Dios vivo y verdadero con una conciencia agradecida por el don recibido. Desde los orígenes de nuestra nacionalidad la fe cristiana fue transmitida en el ejercicio de la misión de la Iglesia, en el seno de las familias y por medio de sus proyecciones en la cultura de nuestro pueblo. Por eso, damos gracias por la fe de tantos argentinos que, a lo largo de nuestra historia, han sido testigos del Evangelio y ciudadanos ejemplares.
El centro de la fe cristiana es Jesucristo el Hijo de Dios hecho hombre, nuestro hermano y nuestro Redentor que nos ha revelado el amor del Padre y nos ha comunicado el Espíritu Santo, fuente de renovación y de unidad.
Al profesar con alegría y entusiasmo la fe expresamos nuestro deseo de difundirla y compartirla, de encarnarla en nuestra vida y en todas sus manifestaciones. Benedicto XVI al invitarnos a celebrar este tiempo de conversión, de reflexión sincera y de nueva adhesión al Señor nos ha recordado que la fe no puede quedar recluida en lo íntimo del corazón, sino que tiene una dimensión pública: requiere ser manifestada con coherencia en nuestras opciones temporales2

Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos
Invocamos a Jesucristo como Señor de la historia, y reconocemos que tenemos necesidad de Él, de su luz, de su perdón y de su gracia, para edificar la comunidad humana en la verdad, la justicia y el amor, según el plan de Dios. Varias veces, haciéndonos eco de una convicción ampliamente extendida, hemos afirmado que nos encontramos sumidos en una profunda crisis moral, que revela que la fe no impregna plenamente nuestro estilo de vida. Lo manifestamos en la oración que rezamos por la patria, al decir: Nos sentimos heridos y agobiados. 
Esta dolorosa situación se refleja en todos los órdenes de la vida nacional. Podemos salir de ella mediante la conversión a Dios, el único Señor, abandonando el pecado y asumiendo el compromiso de cumplir sus mandamientos: “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas… Amarás a tu prójimo como a ti mismo”3 . Este doble mandamiento del amor inspira el ejercicio de la justicia, que es la virtud básica de la vida social.

Queremos ser nación
Como señala Benedicto XVI, en este Año “será decisivo volver a recorrer la historia de nuestra fe, que contempla el misterio insondable del entrecruzarse de la santidad y el pecado”4 .
Estas palabras del Santo Padre nos interpelan, especialmente cuando miramos la vida de nuestra patria. Así como hemos dado gracias por la fecundidad de la fe en Argentina, también nos sentimos movidos a un examen de conciencia, a la conversión y a una purificación del corazón.
La patria es un don de Dios confiado a nuestra libertad. Un regalo que debemos cuidar y perfeccionar5 . Es esperanzador constatar que, no obstante tantas dificultades, sigue vivo en el alma de nuestro pueblo el deseo de ser nación y de construir juntos un proyecto de país.
La fe nos alienta a revisar nuestra vida personal y social a la luz de Jesucristo. Él es la Verdad que nos hace libres. El encuentro con el Señor despierta en el corazón del hombre aquellas energías espirituales y morales que necesitamos para fortalecer nuestro compromiso ciudadano. Aspiramos a ser una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común.
Con todos los discípulos misioneros de Jesús en Argentina ya estamos transitando los caminos de la nueva evangelización. Como pastores renovamos nuestro compromiso con el anuncio del Evangelio. Es el principal servicio que podemos ofrecerle a la sociedad argentina.

Danos la valentía de la libertad de los hijos de Dios, para amar a todos sin excluir a nadie
El Hijo de Dios, al encarnarse, tomó la condición de servidor6 . En este Año de la fe, Él nos invita a ser plenamente libres, haciéndonos como Él servidores los unos de los otros, superando tanto el egoísmo, como actitudes meramente partidistas.
Todos los habitantes de nuestra patria necesitan sentirse respaldados por una dirigencia que no piense solo en sus propios intereses, sino que se preocupe prioritariamente por el bien común. “La felicidad está más en dar que en recibir”7 .
Recordamos, una vez más, que este servicio al bien común requiere una dedicación generosa a promover la dignidad de nuestros hermanos más pobres en su vida personal y familiar, para que sean protagonistas de su propio desarrollo integral. La educación y el trabajo siguen siendo los instrumentos que les permiten a las personas y a las comunidades ser artífices de su propio destino.
Los obispos argentinos, reunidos en nuestra 104 Asamblea Plenaria, hemos repasado con honda preocupación algunos síntomas de la persistencia de esta crisis moral y cultural. Compartimos algunos de ellos:
1. La dignidad de la vida desde la concepción hasta su término natural es la base de todos los derechos humanos. Reiteramos, una vez más, que el ordenamiento jurídico debe respetar el derecho a la vida.
2. La familia, fundada sobre el matrimonio entre varón y mujer, es un valor arraigado en nuestro pueblo. Anterior al estado, es la base de toda la sociedad y nada puede reemplazarla. Vemos con preocupación una corriente cultural y un conjunto de iniciativas legislativas que parecen soslayar su importancia o dañar su identidad. 
3. Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos. Tienen el derecho de que el sistema educativo no les imponga contenidos contrarios a sus convicciones morales y religiosas. Deseamos que toda la sociedad tome una mayor conciencia de la necesidad de mejorar el sistema educativo, de modo tal, que los más pobres sean sus principales beneficiarios. La necesaria preparación para la vida cívica de niños y jóvenes debe excluir la politización prematura y partidista de los alumnos.
4. Constatamos una angustia generalizada en nuestro pueblo por la vida de los jóvenes. Es enorme la cantidad de ellos que no estudian ni trabajan: ésta es una de las hipotecas sociales más desafiante para los argentinos.
5. La droga se extiende por el crecimiento del crimen del narcotráfico y la red de complicidades que lo sustentan. Pensamos que ésta es una de las causas principales de la proliferación del delito y de la consiguiente inseguridad.
6. A casi treinta años de la democracia, los argentinos corremos el peligro de dividirnos nuevamente en bandos irreconciliables. Se extiende el temor a que se acentúen estas divisiones y se ejerzan presiones que inhiban la libre expresión y la participación de todos en la vida cívica.

Concédenos la sabiduría del diálogo
Toda sociedad tiene conflictos. La democracia, tal como lo refleja la doctrina social de la Iglesia, no se construye agudizándolos, sino concretando los ideales de una verdadera amistad social.
Algunas sombras nos han perseguido a lo largo de nuestra historia, que en distintos momentos han acentuado su intensidad e impedido una vigencia más plena del orden democrático. Una es el excesivo caudillismo, que atenta contra el desarrollo armónico de las instituciones, acentúa su deterioro y menoscaba la autonomía de cada uno de los poderes del estado, tanto en el orden nacional como provincial. Esto es particularmente delicado cuando se trata de la independencia del Poder Judicial.
Otra sombra es la oposición entre las visiones unitaria y federal de la nación, la cual se extendió fuertemente en los albores de nuestra patria, e intermitentemente se manifiesta en distintos momentos de la historia. Cuando en nuestra oración por la patria decimos que queremos ser nación expresamos un anhelo claramente manifiesto en nuestra Constitución. Queremos ser una nación basada efectivamente en un sistema republicano, representativo y federal.
Llegando la Navidad los argentinos debemos recordarnos la deuda pendiente de nuestra reconciliación. Se hace cada vez más necesario generar contextos de encuentro, de diálogo, de comunión fraterna que nos permitan reconocernos y tratarnos como hermanos, aborre-ciendo el odio y construyendo la paz.
El niño que María recuesta en el pesebre es el Señor de la historia. A Él volvemos a dirigirle nuestra plegaria: “Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos…” A  la Virgen María, Nuestra Señora de Luján, le confiamos nuestras inquietudes y ponemos en sus manos nuestras esperanzas.

104ª Asamblea Plenaria
Año de la Fe. Adviento 2012
_________________
  1. Flp 2,2.4
  2. Benedicto XVI, Porta fidei 10
  3. Mc 12,30-31
  4. Benedicto XVI, Porta fidei 13
  5. Cf. CEA, Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad 11
  6. Cf. Flp 2,7
  7. Hch 20,35

sábado, 27 de octubre de 2012

Tan distintos en un mismo cuerpo. (Sobre el Sínodo de Obispos en Roma)

Durante tres semanas nos hemos reunido en Roma obispos de representantes de más de 100 conferencias episcopales de países ubicados en todos los continentes. Diversas lenguas y culturas; unas iglesias más jóvenes y otras de larga tradición. 

Experiencias semejantes aunque de continentes lejanos; y otras con las que nos unen lazos históricos y ahora no nos parecemos más que en unos pocos rasgos comunes. Por ejemplo, nos resultó cercano a la experiencia argentina y latinoamericana lo narrado por obispos de Filipinas o de Corea, y nos resultaba extraño algún planteo de la madre Patria o países europeos. 

Nos encontramos viniendo de lugares en que la Iglesia se manifiesta en comunidades florecientes, otros en los que es perseguida y se vive la fe en la clandestinidad, y también los que venden o alquilan sus propiedades —salones, casas parroquiales y hasta Templos— porque la comunidad se achicó mucho y no alcanza a mantenerlos económicamente. 

Me ayudaba a pararme ante esta situación la descripción que hace San Pablo en la carta a los Corintios: un solo cuerpo y miembros distintos (I Cor. 12, 12-26). Todos hemos bebido de un mismo Espíritu, hemos sido bautizados y hechos miembros de una misma familia: La Iglesia. Tan diversos y tan comunes como el dedo meñique de la mano izquierda, la quinta vértebra de la columna, el peroné, el hígado, la tráquea o la muela de juicio. Tan distintos pero todos tan parte del mismo cuerpo. 

Nos reconocemos con un mismo origen: el amor del Padre, manifestado en la Pascua de Cristo que derrama el Espíritu Santo. También con un mismo destino: “los cielos nuevos y la tierra nueva” en que tiene su morada el Espíritu. Aunque los caminos por los que peregrinamos son diversos, el punto de llegada y encuentro es el mismo, y lo que palpita en nuestros corazones también. 

Nos mueve el mismo amor a Dios y a su obra. En el mensaje conclusivo decimos: “Nuestro mundo está lleno de contradicciones y de desafíos pero sigue siendo creación de Dios y, aunque herido por el mal, siempre es objeto de su amor y terreno suyo, en el que puede ser resembrada la semilla de la Palabra para que vuelva a dar fruto”. Tenemos la certeza: Dios ama esta humanidad en este tiempo concreto de la historia. Y nosotros —hijos de Dios y de este tiempo— también. 

Este mensaje conclusivo del Sínodo hace referencia en el comienzo al pasaje evangélico de la mujer samaritana que dialoga con Jesús. Ella se acerca con su vasija vacía a buscar agua a un pozo en el desierto. Un relato cargado de imágenes que hablan de lo obvio y de lo alegórico: desierto, sed, agua, cercanía, diálogo, Mesías, Salvador, fe... 

No cualquier agua calma la sed. Hay jornadas duras y complicadas en el desierto. Hermanas y hermanos que desesperan; que perdieron o quebraron sus cántaros. Muchos también cansados de correr tras espejismos que prometieron mucho y cumplieron nada. El consumismo materialista, la fuga de la realidad por medio de la droga o el alcohol, no son agua fresca en el desierto. Y nosotros que corremos el riesgo de tercerizar el agua y desligarnos del diálogo con la humanidad sedienta. 

En estos días hemos constatado que somos testigos y anunciadores de una Buena Noticia: Jesús mismo camina por las calles de Calcuta, París, Bogotá, Gualeguaychú, Córdoba, Buenos Aires, Montevideo... “Dios vive en la ciudad” (Salmo 42). Vive entre las casas de sus hijos. 

Fuimos convocados para un Sínodo (= del griego: “hacer juntos el camino”). El objetivo es colaborar los obispos —sucesores de los Apóstoles— con el Papa —sucesor de Pedro— en el gobierno de la Iglesia Universal. El tema sobre el cual trabajamos: “La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana”. 

En un clima de diálogo y oración, reflexión y confianza compartimos estos días. No nos pusimos de acuerdo en todo. Pero en muchas cosas sí, y sobre esos acuerdos redactamos una serie de proposiciones que el Papa utilizará para elaborar una Exhortación Apostólica que nos ayude a toda la Iglesia a asumir con más confianza la Nueva Evangelización. Otros temas seguirán madurando y necesitan de más estudio, más oración, más experiencias que muestren signos de luz en aquello que aún no se ve claro. 

En el corazón de cada persona hay deseos de verdad, bien y belleza, de justicia, libertad y paz. 
“Esos anhelos profundos son como la sed que desea ser saciada. Jesús nos dice: “Yo soy el agua”. 

+ Mons. Jorge Lozano

sábado, 22 de septiembre de 2012

Jugar por plata no es jugar por Jorge Eduardo Lozano* (Revista Debate)


En estos años ha habido en el país un enorme crecimiento de ofertas de los modos más variados de hacer apuestas de dinero. Me resisto al eufemismo “juegos de azar”, aplicable tal vez a la perinola o a los esparcimientos familiares o de amigos. Pero cuando el “juego” consiste en poner plata para intentar ganar más plata, la denominación debería ser “negocios de azar”.
Casinos, Bingos, Tragamonedas, loterías de las más diversas, simples o combinadas, provinciales o nacionales, se multiplicaron en locales ubicados en ciudades turísticas o no turísticas, grandes o pequeñas, del norte o el sur, y hasta en Internet. 
Respecto de esta situación quisiera referirme a tres “pompas de jabón”: son bonitas, atractivas, redonditas, pero fugaces y efímeras. 

Una pompa de jabón: la ayuda social. En la mayoría de las promociones se insiste en destacar la ayuda social que se realiza gracias a las apuestas. Pero detengámonos un poco en esto. Veamos lo que sucede, por ejemplo, con las llamadas máquinas tragamonedas. La proporción distributiva varía según los contratos. Pero lo habitual es que cada $100 que una persona apuesta, 50% va para el dueño de la máquina, y el otro 50% para el Estado. El propietario —a veces— debe hacerse cargo del alquiler o luz del local, y algún otro gasto, que no supera los 20 o 25$ de esos $50 que le corresponde. El Estado suele pagar otros gastos que el privado no, por ejemplo sueldos de otros empleados, cubrir algunos déficit, gastos administrativos de oficinas pertinentes del Estado... Si vas sumando, de esos $100 apenas 15 o 20 se dedican a la ayuda social. ¿Quién jugó? ¿Quién hizo negocio? ¿Quién ganó? ¿Quién se benefició?
Así es; el dinero va al bolsillo de los que con la plata no juegan, sino que la acumulan.
Es cierto que la ayuda social es necesaria y urgente. Pero también es cierto que se pueden pensar en otras fuentes de financiamiento que no sea el negocio de azar. 

Segunda pompa de jabón: promovemos el turismo. Salvo en unas pocas ciudades —me sobran los dedos de una mano— en la gran mayoría apuestan más los locales que los visitantes. ¿Alguien puede pensar que es turista quien va al Casino o local de tragamonedas de lunes a lunes a las 10 de la mañana o a las 3 de la tarde? Hablando con empleados de algunas de estas salas, nos cuentan lo que ven. Quienes asisten son vecinos, y muchos de ellos de condición humilde. Justamente a quienes se destina la ayuda social. Es preocupante el incremento de asistencia de mujeres y de jóvenes. 
La tercera pompa de jabón: salvate con un golpe de suerte. Se alimenta la fantasía o falsa ilusión de que está al alcance de tu mano conseguir el dinero que necesitás. Sea para cambiar el auto o la casa, para comprar un taller, para hacer un viaje... Placer o trabajo como destino del dinero, da igual. A cuántos conocemos que hayan sido alcanzados por la suerte, y a cuántos clavados en la misma situación y con deudas por apostar. Las máquinas tragan monedas y escupen desilusión. A esto se suma el creciente número de adictos a las apuestas: ludopatía. Una verdadera enfermedad. 

La mejor manera de desarrollarse una persona y su familia es por medio del trabajo dignamente remunerado. Para salir de la pobreza no hacen falta la suerte y apuestas, sino equidad y justicia social.
Para sostener programas sociales tan importantes como necesarios, no hace falta recaudar entre los pobres o de clase media, sino promover otros modos de redistribución de la riqueza. 

*El autor es obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.

jueves, 6 de septiembre de 2012

EL CODIGO CIVIL Y LA SOCIEDAD (Publicado en Clarín)

Por José María Arancedo Arzobispo De Santa Fe Y Presidente De La Conferencia Episcopal Argentina


La reforma del Código Civil debería ser oportunidad de reflexión y garantía de auténtico pluralismo. Esto sólo es posible si aceptamos los valores morales objetivos como fundamento de las leyes.


Antes de ocuparnos de algunos temas de la actual reform
a del Código Civil, considero necesario valorar su significado y alcance en la vida de una comunidad. Todo Código define derechos y obligaciones de personas e instituciones, en este sentido depende de una idea o concepción del hombre.



No se trata de algo neutro ni un mero instrumento para solucionar problemas.
Leer un Código Civil es conocer la vida y los valores de una comunidad.


Tiene mucha sabiduría aquella frase popular: “dime cómo legislas y te diré qué sociedad quieres”. Al legislador le corresponde, en su noble y necesaria tarea de mediación política, plasmar en leyes positivas el camino de una nación y prever las consecuencias de lo que hoy se legisla. 



Las leyes tienen un valor objetivo y pedagógico. Creo que es conveniente recordar que a la Iglesia no le corresponde elaborar leyes para la sociedad, esta es función del Estado.



Pero ella tiene, y siente, la obligación de colaborar en la búsqueda de aquellos principios morales objetivos que son el fundamento de toda obra legislativa , y que son “accesibles a la razón, prescindiendo del contenido de la revelación” (Benedicto XVI). No se trata de un tema confesional. Por otra parte, el católico es un ciudadano que ama y sirve a este país, y tiene el derecho y la obligación de asumir su responsabilidad en las decisiones que van a orientar el futuro de su patria. Cuando se habla y se dan razones del valor humano de la verdad, como de la existencia de un orden objetivo que se debe respetar, no es justo descalificar con el término de fundamentalismo
 La conciencia de estos valores y la reflexión del legislador son garantía de leyes justas.



No puede haber derecho al margen de la moral natural que rige para todos los hombres, sea religioso o ateo.
Por ello, no es correcto relegar a la esfera de lo privado o individual el mundo de los principios morales, negando su importancia en la elaboración de las leyes y en el bien común de la sociedad. 



He recordado, en otras oportunidades, la importancia de la ecología. En este sentido, también es necesario hablar de una ecología humana .



El hombre posee una naturaleza que se debe respetar y no manipular.



El hombre no es sólo una libertad que se crea a sí mismo, y que carece de límites en su afán constructivista o de ser un pequeño dios. Él es espíritu y libertad, pero también naturaleza, por ello su decisión es justa cuando la tiene en cuenta y la respeta. A la naturaleza humana se la puede ayudar y mejorar, pero en su mismo orden. Los límites son posibles y necesarios, es más, son un acto de justicia que legitima el alcance de la misma ley. En el ejercicio de su libertad el hombre tiene la capacidad de un dominio sobre la técnica y el manejo de la vida, que es signo de su dignidad y responsabilidad moral. Desde esta perspectiva y con ánimo positivo de propuesta, considero importantes algunos temas: Respecto al comienzo de la vida humana y su necesaria protección, la ciencia no deja lugar a dudas: la vida humana comienza desde el momento de la concepción.



Es necesario, por ello, afirmar que la persona es tal desde la concepción, sin distinguir si ello ocurre dentro o fuera del seno materno. No hay diferencia ontológica entre ellos. Además, ¿cuál es el status o situación jurídica de estos embriones humanos no implantados?



El Código Civil debe prever y orientar claramente esta realidad porque es, en su nivel, fuente y referencia legislativa para futuras leyes en la sociedad.



Si el Código Civil no valora los deberes de fidelidad, cohabitación, en orden a la asistencia y el bien de los hijos, al matrimonio se lo debilita en perjuicio de los propios esposos y del bien superior de los niños en su derecho a crecer y ser educados en el ámbito de una familia estable. Hay en el anteproyecto una equiparación casi absoluta entre el matrimonio y las uniones de hecho.



Se pretende dar reconocimiento legal a las “diversas formas de familia”, pero llama la atención que la única forma que no se reconoce jurídicamente es la fundada sobre el matrimonio estable e indisoluble.
El matrimonio estable merece una valoración y un reconocimiento superior. 



La vida de las personas tiene en sus relaciones una referencia que hace a su identidad e historia. Paternidad, maternidad y filiación son fuente de riqueza personal y social.



En la regulación de algunos efectos de las técnicas de fecundación artificial, se privilegia un supuesto “derecho al hijo”, por sobre los derechos del hijo al conocimiento de su origen.



En estas técnicas se dan mecanismos de selección de embriones más aptos con descarte de los demás, no habiendo previsiones que eviten estas derivaciones injustas.



Muchos juristas, científicos y filósofos dicen que no todo lo técnicamente posible es necesariamente ético. Este principio debe incidir en la redacción de un Código Civil . En el derecho comparado podemos ver que existen países que han limitado los daños provocados por el uso de estas técnicas, restringiendo el acceso a los matrimonios formados por varón y mujer, y prohibiendo la crioconservación de embriones. En cuanto a la fecundación post-mortem, no considero aceptable permitir orfandades futuras amparadas por la ley, dado que se pueden evitar.



En esto quiero ser claro.
Resulta agraviante a la dignidad de la mujer y de los niños la existencia del alquiler de vientres.
Esto, que degrada a la mujer embarazada, es posible que se convierta en una fuente de más injusticia y desigualdad por la explotación de la pobreza.



Se privilegia, nuevamente, los deseos de los adultos por sobre los derechos del niño a nacer.



Además de negar al niño el conocimiento a su identidad biológica, se desconoce el profundo vínculo que se establece entre la madre gestante y el niño al que da va a dar a luz. La psicología intrauterina ha avanzado mucho en esto, su palabra tiene un valor que debemos escuchar.



Pienso que la reforma del Código Civil debería ser un lugar de reflexión y encuentro de los argentinos como base y garantía de un auténtico pluralismo . Esto, entiendo, sólo es posible si aceptamos la existencia de valores morales objetivos como fundamento de leyes para todos, creyentes o ateos. Considero que este presupuesto es central para aproximarnos al Código Civil, dado el significado objetivo y orientador que tiene esta norma para la vida de una comunidad. 



Estamos ante una oportunidad que debemos valorar y nos compromete, porque tendrá consecuencias jurídicas y culturales en la vida de los argentinos de acuerdo a lo que hoy se legisle. Un Código Civil expresa la vida y el futuro de una comunidad.

viernes, 24 de agosto de 2012

El Código Civil y nuestro estilo de vida : Mensaje de la Comisión Permanente del Episcopado


"Que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, por los soberanos y por todas las autoridades, para que podamos disfrutar de paz y de tranquilidad, y llevar una vida piadosa y digna" (1Tim. 2, 1-3).



1. El compromiso ciudadano
“Queremos ser Nación”, es lo que venimo
s rezando juntos, porque somos conscientes de que el Señor nos ha regalado un inmenso don: nuestra Patria; y nos ha dejado una tarea: la construcción de nuestra Nación. Hoy los obispos deseamos hacer un llamado a renovar nuestro compromiso ciudadano colaborando en el debate por la reforma del Código Civil. Queremos contribuir a tener una mejor legislación para todos.



2. Importancia de la Reforma
Ésta, como otras reformas legislativas recientes o en curso, afecta nuestra cultura y nuestra vida cotidiana; proyecta cambios que nos tocan de cerca. Según el Código Civil que resulte sancionado se contestarán preguntas como: ¿Cuándo comienza un ser humano a tener el derecho de llamarse persona? ¿Cuál es el sentido de constituir legalmente una familia? ¿Con qué respeto hemos de considerar a las mujeres, especialmente a las más vulnerables? ¿Qué pueden dejar los padres a sus hijos al morir? ¿Tendrán derecho a la identidad los hijos
concebidos en laboratorios? ¿Podrán ser concebidos hijos de personas muertas?



3. Función y efectos del Código Civil
En el Código Civil se regulan derechos vinculados a la vida personal, matrimonial, familiar, social, económica, de todos nosotros. En él se expresa de alguna manera la forma y el estilo de vida que como sociedad queremos promover. Tiene, por eso, una función pedagógica y efectos de muy largo plazo. Podríamos afirmar: dime cómo legislas y te diré qué sociedad deseas. La sanción de un nuevo Código Civil y Comercial es seguramente la reforma legislativa más importante de las últimas décadas por la variedad de cuestiones implicadas y por la entidad de algunos de los cambios propuestos. Por eso coincidimos con el reclamo de academias, colegios profesionales, universidades, iglesias y otras personas e instituciones que con toda razón vienen pidiendo que a la discusión en el Congreso se le otorgue todo el tiempo que sea necesario. Sería conveniente, además, la realización de audiencias públicas en cada provincia.



4. Principales cuestiones en juego
La reforma propuesta contiene aspectos positivos; sin embargo necesitamos reiterar la preocupación acerca de algunas cuestiones de fundamental importancia.
El modelo de familia proyectado por estas normas expresa una tendencia individualista y se opone a los criterios evangélicos y también a valores sociales fundamentales, como la estabilidad, el compromiso por el otro, el don sincero de sí, la fidelidad, el respeto a la vida propia y ajena, los deberes de los padres y los derechos de los niños.
Si se aprueba sin modificaciones este proyecto, algunos seres humanos en gestación no tendrán derecho a ser llamados “personas”. La maternidad y la paternidad quedarán desfiguradas con la denominada “voluntad procreacional”; se legitimará, por un lado, la promoción del “alquiler de vientres” que cosifica a la mujer y por otro, el congelar embriones humanos por tiempo indeterminado, pudiendo ser éstos descartados o utilizados con fines comerciales y de investigación. Se discriminará, en su derecho a la identidad, a quienes sean concebidos por fecundación artificial, porque no podrán conocer quién es su madre o su padre biológico. Los cónyuges que se unan en matrimonio, no tendrán obligación jurídica de fidelidad ni tampoco de convivir bajo un mismo techo; los lazos afectivos matrimoniales quedarán debilitados y desvalorizados.
Queremos una sociedad en la cual se fomenten los vínculos estables y en donde se dé prioridad a la protección de los niños y de los más indefensos. Los deseos de los adultos, aunque parezcan legítimos, no pueden imponerse a los derechos esenciales de los niños. Como adultos, tenemos más obligaciones que derechos. Es necesario que reconozcamos y demos protección jurídica a toda vida humana desde la concepción, y que recordemos que no todo lo científicamente posible es éticamente aceptable.



5. El papel de la fe religiosa en el debate político
Benedicto XVI ha enseñado repetidas veces que la justicia de las leyes y de las acciones de gobierno tiene su fundamento en valores objetivos, que el hombre puede conocer guiado por su razón. El papel de la fe religiosa es ayudar a la razón para que descubra con claridad esos principios morales y los aplique rectamente. Es por ello que los católicos tenemos no sólo el derecho, como todo ciudadano, sino también la obligación de hacer nuestro aporte al debate público. Queremos proponer y ser escuchados.



6. Una oportunidad para actuar todos en bien de la Nación
Por eso, la hora nos reclama a los cristianos el testimonio personal y comunitario de Jesucristo para que resplandezca en medio de los hombres el amor de Dios, que es el verdadero fundamento y modelo de las relaciones humanas. Las reformas propuestas, junto con otras ya producidas o en curso de tratamiento legislativo, interpelan fuertemente a la Iglesia. A nosotros como pastores. A las madres y los padres de familia, a quienes corresponderá vivir su matrimonio aún más comprometidamente y formar a sus hijos en los valores evangélicos y en la verdad sobre la persona, con mirada lúcidamente crítica sobre lo que nos rodea. A los sacerdotes, diáconos, consagrados y catequistas, que deben comunicar estos contenidos y compromisos vitales con su palabra y testimonio. A las escuelas y docentes, llamados a acompañar y apoyar a los padres en esta difícil tarea con coherencia y valentía. A los profesionales de la salud, quienes pueden verse enfrentados a situaciones en que tengan que decidir en conciencia. A los abogados y jueces, llamados a defender la justicia y el bien de la persona en todas las situaciones que se les presenten.



7. Exhortación particular a los legisladores
Hacemos un particular llamado a los legisladores para que asuman en plenitud sus responsabilidades, estudien a fondo las reformas propuestas, sean fieles a la herencia y a las tradiciones patrias y estén abiertos a escuchar todas las voces que tienen algo que decir al respecto. Y finalmente, que no dejen de escuchar a la voz de su conciencia, evitando que las legítimas pertenencias partidarias los lleven a votar en contra o al margen de aquella.



8. Convocatoria a la oración y la reflexión
Invitamos a las comunidades parroquiales, educativas, instituciones y movimientos a organizar en las próximas semanas alguna jornada de oración y reflexión. En comunidad podremos orar a Dios, Padre de todo bien, a Jesucristo el Señor, y al Espíritu Santo, Señor y dador de vida.
Pidamos que bendiga a nuestra Patria e ilumine a nuestros legisladores y gobernantes, concediéndoles la sabiduría necesaria para trabajar por la paz, la amistad social y la defensa de todas las personas, privilegiando a los más pobres y débiles. Hagámoslo a semejanza de la primera comunidad cristiana, íntimamente unidos, dedicados a la oración y la reflexión, en compañía de María, la madre de Jesús y madre nuestra de Luján.



Los Obispos de la 162º Comisión Permanente
de la Conferencia Episcopal Argentina
Buenos Aires, 22 de agosto de 2012